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BURBUJAS DE ANTAÑO. HISTORIA DE LA GASEOSA EN CASTUERA

Recuerdo de mi infancia, con nostalgia, aquellas botellas de vidrio grueso, con su tapón articulado de cerámica, una arandela de goma y alambre. Hoy en un viaje en el tiempo quiero volver a descubrir un capitulo fascinante de aquellas pequeñas industrias que no solo fueron parte de la economía local, sino que también marcó una huella en las costumbres y en la vida cotidiana de generaciones de castueranos. En Castuera, hasta hace un tiempo no muy lejano, el agua era un lujo en los hogares, y en verano, sobre todo, con el calor, “la chispa” de la gaseosa se hizo indispensable, en cada casa, en cada mesa solía posarse una de esas botellas tan características. Haciendo un poco de historia, en los comienzos del siglo XX, varios emprendedores locales vieron la oportunidad de crear una bebida refrescante, carbonatada y accesible para todos. Utilizando las aguas locales y una mezcla de ingredientes sencillos pero eficaces, se dio inicio a la fabricación de gaseosas, un producto que rápidamente ganaría popularidad en todo el municipio y más allá de sus fronteras. A igual que en Castuera, prácticamente en cualquier localidad de Extremadura, contaba con su propio “fabricante de bebidas gaseosas”. Su producción era puramente artesanal, con métodos tradicionales que, aunque rudimentarios, permitían la creación de productos de alta calidad, en pequeños locales, en casa particulares e incluso en farmacias (era considerada bebida de propiedades digestivas), su fórmula era simple, mezclar el agua carbonatada, azúcar y esencias naturales, como la naranja o el limón, conseguían dar su sabor peculiar. De ahí, salieron en nuestro pueblo, marcas comerciales como Amalio, La Castoreña, El Priorato o la Fábrica de Gaseosas Somoza, documentada desde los inicios del siglo XX, esta fábrica estaba emplazada en la calle La Fuente. Fue una de las más longevas y con mayor difusión en la comarca de La Serena, cubriendo la demanda local y de pueblos vecinos durante décadas. Destacar a Antonio Murillo, este último especializado en sifones y en el agua se Seltz, fundamentales en la época para acompañar al vino en las tabernas locales. En las fábricas, el proceso de envasado era manual o a veces, semiautomático, el gas carbónico se inyectaba directamente en cada botella que después de su consumo, los propios vecinos o taberneros devolvían para su rellenado. Todas estas pequeñas empresas de fabricación y distribución fueron desapareciendo a lo largo de los años, a partir de los sesenta o setenta, el auge de marcas como La Casera, La Revoltosa y otras como Mirinda, Fanta o Coca Cola hicieron caer las fábricas familiares, dejando ya de ser rentables. Hoy, como un patrimonio desvanecido en el tiempo, dejado tras de sí, esas botellas que formaban parte de los hogares, serigrafiadas cada una con su marca, solo quedan como objetos deseados para coleccionista. Recordemos a este pequeño sector industrial, que, con espíritu emprendedor en aquellos años, con un poco de agua, azúcar y gas, refrescaron a los vecinos en esos calurosos veranos de nuestra tierra. A nuestros antecesores, con el gesto de devolver aquellos envases para su reutilización, ya nos mostraban una incipiente conciencia sobre la sostenibilidad, donde los repartidores se encargaban de recoger las botellas vacías para devolverlas a la fábrica, ya lavados y rellenados eran de nuevo puestos en distribución.










  
                                                                            
































             





                                  









 


















HISTORIA Y MISTERIO: LA CONSTRUCCIÓN DE LA PARROQUIA DE SANTA MARIA MAGDALENA

Si visitamos Castuera, paseamos por sus calles y plazas, es inevitable no detenerse y fijar la mirada ante la imponente planta que nos presenta el templo parroquial, dedicado a Santa María Magdalena. El edificio, ejemplo del Barroco tardío con toques neoclásicos, no solo es lugar de culto religioso, sino testigo y protagonista de la historia acontecida en su entorno. Fascinante resulta también su proceso constructivo, desde sus inicios, proyectos, cambios constructivos, problemas económicos e incluso salpicada por una crónica negra que paralizó durante un tiempo su construcción. Anteriormente, la vida y el culto religioso de la Villa giraba en torno a la antigua parroquia, edificación de estilo gótico situado en uno de los puntos más elevados de núcleo poblacional, concretamente en el extremo norte, lo que se denomina El Cerrillo. En este lugar, acompañando a la fisonomía de la vieja parroquia, y como una realidad insólita en aquel tiempo, existían cinco molinos de viento, elegidos en el punto más alto, aún hoy, el lugar conserva en nombre de “Los Molinos”. El abandono progresivo del templo, debido a su mal mantenimiento y conservación, agravado por las terribles consecuencias de unas fuertes tormentas que hizo desplomar la torre, produciendo serios destrozos, dan lugar a dejarla prácticamente inutilizada, quedando un edificio ruinoso. A la incomodidad de su deterioro, su emplazamiento, una increpada localización sobre el empinado cerro, el estado poco sanitario de los sepulcros que la rodeaban, hicieron que lo feligreses optaran por acudir al culto a las ermitas, la de San Juan, Buensuceso, sobretodo a la de San Benito, allí, en sus alrededores se empezaron a realizar los nuevos enterramientos. Ya hacia el año 1740, motivado por la necesidad imperiosa de una nueva parroquia surge la iniciativa de trasladar el viejo templo a otro lugar más idóneo, más en el centro del casco urbano. Las razones eran obvias, su estado y su emplazamiento ya no eran los mas adecuado. A mediados del mes de julio de 1743 se comienza con los tramites legales para el traslado y construcción del nuevo templo, pero no fue hasta el 29 de agosto de 1748 cuando el arquitecto llerenense Francisco Pérez Cano se le paga por la confección del proyecto y la planta del nuevo edificio.Las obras, tras los oportunos tramites, fueron adjudicadas al maestro alarife Francisco Díaz, vecino de Don Benito por el precio de 340.000 reales de vellón . Elegido el lugar se levanto sobre los terrenos ocupados por dos antiguas casonas derruidas que pertenecieron a las familias Don Juan Calderón y Chaves y Andrés Hidalgo de Sotomayor. Los trabajos comenzarían oficialmente en el mes de octubre de 1750, con el acarreo de las piedras de granito a la obra. En 1952 finaliza la cimentación y lo que seria la base de la portada principal, se procedió con la presencia de las autoridades a introducir en los cimientos la cantidad simbólica de 32 reales de Vellón, en 1753, por el mes de octubre se colocaron las columnas que adornan la portada. A partir de entonces, la historia de la construcción da un giro dramático, las obras se paralizan drásticamente, los motivos en principio argumentados serían las pérdidas económicas que arrastraba el maestro alarife en la construcción y reformas en los templos de Villanueva de la Serena y Llerena. En 1954, se le aporta una nueva cantidad hacia septiembre de 1954 para continuar los trabajos, aun así, no se siguió trabajando en ella. Los motivos argumentados sugieren que el maestro Francisco Díaz fue encarcelado por el asesinato de su esposa que finalmente acabó siendo ejecutado por el crimen en la horca. Todos estos acontecimientos provocan que la construcción del templo se detuviera durante casi diez años. No fue hasta el año 1765, con la llegada de Don Joseth Ortega de Orellana, al beneficio del Curado de la villa, se retomó el proyecto. Este sacerdote prácticamente costeó de su propio bolsillo los tramites para reiniciar las obras en el 1767. El paso del tiempo, casi una década y la economía, impusieron notables cambios, hicieron pasar del proyecto monumental con materiales de alta calidad a materiales mas modestos, se continuó utilizando mampuestos en lugar de la cantería, algo que en nuestros días se nota en la diferencia de las texturas de los muros, muros que en la década de los años 70 fueron enfoscados para preservar su mejor conservación. Se redujeron las proporciones del diseño inicial y de las dos torres planeadas en fachada, solo se llegó a construir la del lado derecho de la epístola. Los trabajos principales se extendieron hasta mediados de 1774, momento probable que se inician las primeras compras para la ornamentación del templo. El acabado final nos muestra una joya arquitectónica del siglo XVIII, que a pesar de los contratiempos muestra un resultado magnifico. La iglesia presenta tres naves divididas en cuatro tramos bien diferenciados sobre arcadas de medio punto. En las tres portadas de accesos se nota la tradición dieciochesca, coronadas cada una de ellas con cruz de la Orden de Alcántara, labrada sobre piedra de granito. Destacar la fachada principal, orientada a poniente, flanqueada por dos columnas corintias a las que se accede por una amplia escalinata. En el interior, la nave central con bóveda de cañón, acompañadas de lunetos y con cúpula rebajada en el crucero. Como curiosidad histórica, durante la Guerra Civil, fue taller de reparación de vehículos utilizados en la contienda, eliminaron la escalinata de acceso colocando en su lugar una rampa de acceso. Otras actuaciones debilitando su cimentación que acabaron siendo poco afortunadas, en épocas posteriores tuvieron que ser reforzados por la aparición daños estructurales. Si pasáis por Castuera, fijaos en la fachada principal, parece inconclusa en su remate superior, una huella visible de la accidentada y apasionante historia que la acompañó durante su construcción.



Panorámica




Grandiosidad y Detalle Corintio




Puerta lateral




Puerta lateral lado de la Epístola




El Sello de la Orden de Alcántara




Vista interior del templo




Vista trasera de la torre




El Perfil de una Historia Inconclusa






 

VIAJE A LA SERENA EN 1791. CASTUERA

    

Agustín Cúbeles y Roda, siendo magistrado de la recién creada Audiencia Territorial de Extremadura realizó en el año 1791 un recorrido por cada uno de los municipios de la comarca de La Serena con objetivo de informar a la mencionada Audiencia acerca de ello.  Los escritos de este viaje están guardado en el Archivo Histórico de Cáceres, y representan una relación auténtica y precisa del estado físico y social en todos los aspectos de todas la poblaciones de la comarca de La Serena.  Los capítulos, al igual que este dedicado a Castuera, son parte de una versión novelada publicada de un viaje realizado en el año 1955 A. Angunez Fernández. A pesar de que se mantuvo en el texto de los manuscritos, existen contribuciones completamente ficticia del autor, especialmente en lo que representa a la persona de Cúbeles y su asistente Canseco. 


En la mañana del día 17 salimos para Castuera, distante tres cuartos de leguas en dirección de la marcha del sol. Al dar la vuelta por derecha mano a la sierra, nos encontramos con la villa. Su parte antigua, primitiva, están situada en una loma que llaman el Cerrillo y el resto, a continuación, en un casi valle, alegre y cálido. Las calles son llanas, anchas y enrolladas una principal nos lleva hasta el Ayuntamiento y, frente a él, a la Iglesia Parroquial. Excepto dos o tres, las casas son de un solo piso y todas enjalbegadas y limpias. Tiene dos plazas. Un pozo de agua, potable muy abundante al que se baja por singular galería, y según es tradición fue construido por moros, dos más en las afueras, también de beber, y dos pilares para abrevaderos de caballerías. A este igual fin aprovechan los ríos próximos de Guadalefra y Menjorada. Importante en el sistema de comunicaciones es cruce de caminos para Andalucía, con gran número de arrieros y trajinantes, famosos por lo bien entendidos en el oficio; y con tres amplios y buenos mesones. Tiene Castuera gran abolengo histórico. Fue en la España celebradísima por sus minas y explotaciones del subsuelo. Picos, piquetas, cuñas, cubos, pesas, y cien artilugios más, se vienen encontrando frecuentemente en sus cercanías. La misma Parroquia luce orgullosa, como pie de la pila del agua bendita, el trozo inferior de una columna romana. Su nombre pregona los primeros pobladores asentados en fortificaciones de la sierra: Castrum erat, fue castro. Incluso hubo historiadores que la identificaron con Artigi, del itinerario de Mérida Córdoba por Medellín, y guiados de tal error dicen que en la lengua popular llamábase  Lastigi, después Lastuera, y de aquí sólo basta, cambiar la L por la C, pero nuevas investigaciones sitúan este aposento a orillas del río Ortigas, cerca de Zalamea. Algo supersticiosos sus naturales, como es corriente en el medio rural, creen que las tormentas desparecen tirando hacia las nubes amenazadoras una de las nueve chinas previamente recogidas el día de la Ascensión del Señor a las doce horas. Que las verrugas, esos feos bultos que hacen horripilantes a las caras, son combatidas llevando la escarcela una cajita de lata con una lagartija dentro. Que el dolor de muelas se quita guardando en frasquito de cristal el animal que hay en las concavidades inferiores de las piedras, llamado vieres, y apresado precisamente en tal día de la semana. Y que son curadas las anginas frotando, con las manos, las muñecas y luego la garganta del paciente y, después acostándole de un lado darle un tirón de orejas, así hasta nueve. En el más cómodo de les mesones hicimos fonda, teniéndonos camas reservadas sabedores del viaje, aviso que íbamos dando para todos los pueblos en prevención en prevención de encontrar dificultades, cumplimentado el señor visitador por el alcalde-ordinario hijosdalgo D. Juan Francisco Méndez Benegas, acompañado a el escribano Fernando Antonio Fernández Murillo, convocó al Ayuntamiento para las seis de la tarde. En el piso bajo de las Casas Consistoriales está el archivo y al otro costado la cárcel, indecente, estrecha y escasa de seguridad. Subimos al salón de sesiones. El alcalde por él estado llano es Juan Antonio Sánchez Ciudad, Regidores, D. José Morillo de Cáceres, Carlos Francisco Calderón, D. Juan Murillo Valdivia y Juan Baldomero Hidalgo Chacón, Diputado del común, Juan Cosfoato, y Procurador síndico personero, D. Diego Calderón. Hay un abogado y ningún procurador de causas. Escribanos, cuatro, "a cuál peor” según frase certera de Cúbeles, y de ellos recuerdo al del Ayuntamiento dicho Fernández, a José Vicente Mostazo y a Rodrigo Núñez de la Nueva. En el archivo, guardan los protocolos de sus antecesores y los propios. Pleitos pendientes existen, en la escribanía del primero, 8 civiles; en la del segundo, 29 civiles y 19 criminales; y en la del último, 2 criminales y 3 ejecutivos. Mucha atención puso don Agustín e en los asuntos del Juzgado, y notó, que al igual que en todo el partido, diversas anomalías, que iba corrigiendo y haciendo las advertencias oportunas villa por villa. Así en los asuntos civiles, tienen el defecto de hacerlos interminables, con artículos impertinentes y dilatorios, cuando el abogado supone no recaerá sentencia favorable a su parte. En cuestiones criminales hay la perjudicial corruptela de oír por medio de apoderados o representantes a los reos fugitivos, mientras se les está llamando por pregones y edictos, y después, en el resto de la causa, por sus defensores, de modo que apenas puede verificarse seguimiento alguno de proceso en rebeldía, y si en el intermedio es hecho preso el reo o tiene bien a presentarle, lo hace ya conociendo por su letrado cuanto de pernicioso contra él tiene el juicio, frustrándose de este modo todo el objeto y finalidad a que tiende el procedimiento. También es frecuente en las causas de gravidez o preñado de solteras y viudas que, en lugar de encargarse únicamente los jueces de la seguridad del feto, precaución de abortos, infanticidios y evitar al público deshonor de tales infelices, las precisan y obligan a declarar el causante de la situación en que se hallan, y como él es, no pocas veces, persona de estado incompatible a poder casarse, ellas culpan a algún inocente o procuran el aborto. Volviendo a las cuestiones municipales, sepamos que la escribanía del Ayuntamiento está dotada con 800 reales anuales. Dos alguaciles ordinarios perciben, cada uno, 200. El Guarda de Propios 400. El médico 1000, a los que han de sumarse 5600 abonados por los vecinos en concepto de igualas. Un cirujano, 750 reales de igualas. El encargado del reloj público 150. Y otros 300 reales al año se reparten entre alcaldes y regidores. Hay dos maestros de niños, pero la dotación (500 reales para ambos) procede de censos de un particular, añadiéndose lo abonado por los padres de los alumnos, cantidad variable según la edad del escolar y posición económica del padre.782 es la cifra del vecindario. Todos los dichos y además 32 sacerdotes, 10 capellanes, 2 familiares de la Inquisición, 2 boticarios, 1 repartidor del Correo, 13 artistas, 12 albañiles, 10 panaderos, 16 de oficios mecánicos, 18 hortelanos, 89 arrieros con algo de labor, 67 labradores puros, 42 labradores con granjerías de ganado, 98 ganaderos, 319 jornaleros del campo, y quinquilleros y viudas en número cuya exactitud se ignora. Los ingresos del Ayuntamiento proceden de la Dehesa Boyal. 928 cabezas de hierba, y del Ejido, de 1500, con la mitad poblada de monte, y perteneciendo su mayor parte a dominio privado. Además, las hierbas y bellotas se venden por repartimiento de los vecinos en reales. Produce Castuera leguminosas y cereales, pero ha de comprar fuera trigo, pues escasea ya que aumentó la población en un tercio desde 1750. Algo de coles, cebollas, tomates y demás verduras, dan varias huertas. El ramo industrial cuenta con telares en que las mujeres fabrican lienzos venidos a buscar de los pueblos comarcanos, y con dos tintes de colores, cuyos ingredientes son recibidos del extranjero a través de les puertos de Sevilla y Cádiz, menos la gualda para el color amarillo que es recogida en el término, y así también la rubia, o la semilla de la coscoja, muy abundante en las sierras contiguas y bien buscada por catalanes y valencianos, que a esto vienen. Famoso son los turroneros, quienes hacen una rica pasta con miel, huevos, almendras o avellanas, después la venden en las fiestas del pueblo, de los cercanos y de otros más distantes. Para esto cuentan con 24 colmenares, de 1400 colmenas en total, que rinden unas 150 arrobas de miel y 55 de cera, si bien podría aumentarse de no ser por los hurones, topos y gatos monteses que las destruyen. De ganado tienen 25000 cabezas lanares,2300 de cabrío, 2000 de cerda, 300 de vacuno y 52 de yeguar. Para tener vida más próspera y dichosa pide el vecindario ampliación de labores, hierbas y plantíos de olivares y viñas. Aquellas en la Real Dehesa de la Serena. Los pastos en la misma, o en la que antes de la villa y ahora pertenece a varios vecinos de Cazalla y D. Iñigo Ladrón de Guevara, vecino de Don Benito, arrendada a trashumantes excepto la parte del último que la disfruta con ganado suyo mientras el pueblo no tiene los suficientes para su ganadería con 2428 cabezas de los Propios, ya dichos antes, y los 8700 correspondientes a la tercera parte de asignación en la Real Serena. Los plantíos de olivos injertando los acebuches existentes en el monte alto privativo del Rey de esta dehesa, aunque se oponen los dueños de las hierbas, Marqueses de Llanos, Iturbieta y Grandara Real, o bien en llamada de la Verilla, situada en la sierra de su nombre. Y las vegas en el baldío comunero y con las cinco villas de Tierra de BenquerenciaEl Pósito tiene 9/058 fanegas y 7 celemines de trigo. La Parroquia está dedicada a Santa María Magdalena, y su titular es designado como en las demás del priorato. Tiene tres puertas, la principal con columnas corintias, y todas ostentando la cruz da Orden Alcantarina. Consta de tres naves en cuatro tramos, con arcos medio punto sobre pilares. Bóveda de cañón, menos el crucero que es lunetos y cúpula rebajada. Merece destacarse el retablo barroco de Virgen de la Soledad. Las obras comenzaron en 1751 y concluyendo cuatro o cinco años después. Existen las cofradías de Jesús Nazareno, Sanísimo Sacramento, Sacerdote de San Pedro, Benditas Animas, Nuestra Señora del Rosario, Nuestra Señora del Buensuceso, Nuestra Señora de la Aurora, Santísimo Cristo del Sepulcro y Nuestra Señora de la Soledad, Capellanía 78, Y obras pías 7. Subiendo al barrio antiguo llegamos a la plaza de San Juan, enjoyada de tradicionales casas con escudos nobiliarios, alguna portada gótica y galanos alféizares de ventanas. Preciosa es una de ésta sobre la puerta de entrada, y partida simétricamente por linda columnita de mármol. A su lado la ermita de San Juan, de donde recibe el nombre la plaza. Fue la primera Iglesia de Castuera, y entonces el Bautista Patrón de la villa. Es una recoleta construcción del siglo XVI. La portada, de piedra de granito, está formada por arco de grandes velas, es decir, con las porciones de cantería en trapecios, y dos columnas y él entablamento que lo encuadran, y en la clave un escudo. Dentro tiene, en urna, una imagen del Señor yacente, tamaño natural policromada y con los brazos articulables para la ceremonia del descendimiento. Adyacente a la Iglesia hay un pequeño hospital para pobres y mendigos, a quienes da simple cubierto el encargado y hospitalero. También dentro de la población están las ermitas del Buensuceso, cercana a la parroquial, la de Santa Ana, en el extremo norte, de San Benito al fin de la calle de esta denominación, y otra de los Mártires. Próxima al río, la de San Pedro de Zújar. El nombre del Párroco no se nos ha olvidado: Frey Don Francisco Cortés Dávalos. Y se dedica más a las intrigas condesiles y a labores granjerías que al sagrado ministerio eclesiástico. El cómo algunos clérigos y otros partidarios, forma la facción política llamada de los Cáceres, frente a la de los Fernández Daza conocidos por el sobrenombre de "Simones” y entregados todos a las disputas por los oficios de Ayuntamiento y Justicia con tanto calor, soberbia e inquina que, desde hace dos años en que ya no se reparten las varas, no dejan de interponerse pleitos y llegar los recursos hasta la Cancillera de Granada y los Reales Concejos. El fin que les guía es, aparte el personal deseo de poderío, la obtención de lucrativos repartimientos de tierras del común, sin importarles nada la situación menesterosa de los necesitados vecinos, jornaleros, braceros y senaderos. En donde éstos presentaron un escrito el Procurador síndico personero D. Diego Calderón, que el magistrado visitador unió al expediente de la villa. Decía Cúbeles, acerca de tales abusos, que los daños que producen son muy grandes, lo mismo en cuanto a la distribución de las tierras y pastos que respecto a la defectuosa administración de justicia, para su remedio opina se establezca un alcalde Mayor de Letras, que con probidad e imparcialidad ponga término a dichos disturbios. Referente al Párroco, nada han valido amonestaciones de los señores Prior y visor, ni las providencias del Supremo Concejo. Y cómo sería la misión que produjo a Cúbeles su vicio por intervenir en las cosas que no quiso pedirle informes cuando siempre acudía primero a los párrocos.


                              


  































 

 

 

 

  B I B L IOGRAFIA

 

- Vicente Barrantes: Apartado bibliográfico. Tomo 1. Pág. 5-45.

- Miguel Cortés y López: Diccionario geográfico-histórico de la España     Antigua.  Madrid 1835 Tomo I, pág. 260, Tomo      III.

- Publio Hurtado: Supersticiones Extremeñas. - Cáceres 19-12. 1 130, 174 y 179.

- Pascual Madoz: Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y posesiones de Ultramar. Tomo VI, año 1847.        págs. 253.

- José Ramón Mélida: Catálogo Monumental de España: Texto 1 págs. 458. Texto II, págs. 211 a 214.

- Vicente Mena: Leyendas extremeñas, pág. 60.

- Vicente Paredes: Origen del nombre de Extremadura. Pág. 62,

- Expediente de visita. Carpeta nº 6, tres piezas-


HISTORIA DE LOS ENTERRAMIENTOS EN CASTUERA

Con anterioridad a la reconquista de los territorios de la Serena a los árabes, era tradicional en la baja Edad Media que los enterramientos se realizaran en el interior de los templos religiosos. No fue hasta el siglo XVIII por la publicación de la Real Cédula con fecha del 8 de abril de 1787 y anteriormente la Orden del 28 de junio de 1804, referente a la edificación de los cementerios, cuando los templos religiosos fueron mandados a ser encalados y adecentados, dando lugar a suprimir de su interior los enterramientos. Los motivos alegados fundaméntale eran referentes a lo poco salubre y sanitario daban al lugar, como consecuencia de esta normativa se tomó la decisión de sacar a los exteriores de los mismos dicha actividad. En Castuera, se tomó la iniciativa de cercar los alrededores de la Iglesia de San Benito, en aquel tiempo situada en los extrarradios del núcleo urbano, construyéndose el nuevo camposanto, siendo denominado “Camposanto Católico de Castuera.” Hoy en día, en ese espacio se levantan las antiguas escuelas de San Benito, hasta hace poco en su subsuelo, se podían observar motivos de la antigua necrópolis. En años sucesivos, el incremento poblacional de Castuera dio lugar a que dicho camposanto, quedara pequeño en espacio, fue entonces, cuando fue adquirido por parte del Ayuntamiento un terreno alejado del núcleo urbano para erigir uno nuevo. Las obras se iniciaron en el año 1883 de lo que hoy es el actual cementerio municipal. El primer enterramiento está datado el 25 de julio de 1885 y no fue hasta 1927 cuando se iniciaron los trabajos de levantamiento y traslado de fosas del antiguo cementerio católico de San Benito al de nueva construcción. Según contaban, primero fueron trasladados los enterrados en bóvedas quedando restos de los sepultados en tierra. Debido al ingente numero de fallecidos durante la Guerra Civil, sobre todo en el año 1938, los muertos en la contienda, era colocados en un terreno anexo al cementerio nuevo, el cual fue integrado en el mismo con el paso del tiempo formando una ampliación del mismo. Como curiosidad histórica, la iglesia del recinto actual no fue construida en sus principios, la despedida religiosa del fallecido se realizaba en la actual iglesia de Santa Ana, la cual con el tiempo, se propuso la edificación de un nuevo templo por la escasez de espacio de la misma,  la insistente negativa del párroco de los años cuarenta al derribo de la ermita actual para la edificación de otra iglesia de mayores dimensiones dio lugar a la construcción  de la pequeña capilla en el interior del cementerio.


Vista actual



Ermita de San Benito


Capilla 


Antiguas lápidas recicladas


   
Acta defunción ultimo enterramiento ermita San Benito página 1 


Acta defunción ultimo enterramiento ermita San Benito página 2


Acta de defunción primer enterramiento cementerio actual. pág. 1.

                 Acta de defunción primer enterramiento cementerio actual. pág. 2.











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