VIAJE A LA SERENA EN 1791. CASTUERA
Agustín Cúbeles y Roda, siendo magistrado de la recién creada Audiencia Territorial de Extremadura realizó en el año 1791 un recorrido por cada uno de los municipios de la comarca de La Serena con objetivo de informar a la mencionada Audiencia acerca de ello. Los escritos de este viaje están guardado en el Archivo Histórico de Cáceres, y representan una relación auténtica y precisa del estado físico y social en todos los aspectos de todas la poblaciones de la comarca de La Serena. Los capítulos, al igual que este dedicado a Castuera, son parte de una versión novelada publicada de un viaje realizado en el año 1955 A. Angunez Fernández. A pesar de que se mantuvo en el texto de los manuscritos, existen contribuciones completamente ficticia del autor, especialmente en lo que representa a la persona de Cúbeles y su asistente Canseco.
En la mañana del día 17 salimos para Castuera, distante tres cuartos de leguas en dirección de la marcha del sol. Al dar la vuelta por derecha mano a la sierra, nos encontramos con la villa. Su parte antigua, primitiva, están situada en una loma que llaman el Cerrillo y el resto, a continuación, en un casi valle, alegre y cálido. Las calles son llanas, anchas y enrolladas una principal nos lleva hasta el Ayuntamiento y, frente a él, a la Iglesia Parroquial. Excepto dos o tres, las casas son de un solo piso y todas enjalbegadas y limpias. Tiene dos plazas. Un pozo de agua, potable muy abundante al que se baja por singular galería, y según es tradición fue construido por moros, dos más en las afueras, también de beber, y dos pilares para abrevaderos de caballerías. A este igual fin aprovechan los ríos próximos de Guadalefra y Menjorada. Importante en el sistema de comunicaciones es cruce de caminos para Andalucía, con gran número de arrieros y trajinantes, famosos por lo bien entendidos en el oficio; y con tres amplios y buenos mesones. Tiene Castuera gran abolengo histórico. Fue en la España celebradísima por sus minas y explotaciones del subsuelo. Picos, piquetas, cuñas, cubos, pesas, y cien artilugios más, se vienen encontrando frecuentemente en sus cercanías. La misma Parroquia luce orgullosa, como pie de la pila del agua bendita, el trozo inferior de una columna romana. Su nombre pregona los primeros pobladores asentados en fortificaciones de la sierra: Castrum erat, fue castro. Incluso hubo historiadores que la identificaron con Artigi, del itinerario de Mérida Córdoba por Medellín, y guiados de tal error dicen que en la lengua popular llamábase Lastigi, después Lastuera, y de aquí sólo basta, cambiar la L por la C, pero nuevas investigaciones sitúan este aposento a orillas del río Ortigas, cerca de Zalamea. Algo supersticiosos sus naturales, como es corriente en el medio rural, creen que las tormentas desparecen tirando hacia las nubes amenazadoras una de las nueve chinas previamente recogidas el día de la Ascensión del Señor a las doce horas. Que las verrugas, esos feos bultos que hacen horripilantes a las caras, son combatidas llevando la escarcela una cajita de lata con una lagartija dentro. Que el dolor de muelas se quita guardando en frasquito de cristal el animal que hay en las concavidades inferiores de las piedras, llamado vieres, y apresado precisamente en tal día de la semana. Y que son curadas las anginas frotando, con las manos, las muñecas y luego la garganta del paciente y, después acostándole de un lado darle un tirón de orejas, así hasta nueve. En el más cómodo de les mesones hicimos fonda, teniéndonos camas reservadas sabedores del viaje, aviso que íbamos dando para todos los pueblos en prevención en prevención de encontrar dificultades, cumplimentado el señor visitador por el alcalde-ordinario hijosdalgo D. Juan Francisco Méndez Benegas, acompañado a el escribano Fernando Antonio Fernández Murillo, convocó al Ayuntamiento para las seis de la tarde. En el piso bajo de las Casas Consistoriales está el archivo y al otro costado la cárcel, indecente, estrecha y escasa de seguridad. Subimos al salón de sesiones. El alcalde por él estado llano es Juan Antonio Sánchez Ciudad, Regidores, D. José Morillo de Cáceres, Carlos Francisco Calderón, D. Juan Murillo Valdivia y Juan Baldomero Hidalgo Chacón, Diputado del común, Juan Cosfoato, y Procurador síndico personero, D. Diego Calderón. Hay un abogado y ningún procurador de causas. Escribanos, cuatro, "a cuál peor” según frase certera de Cúbeles, y de ellos recuerdo al del Ayuntamiento dicho Fernández, a José Vicente Mostazo y a Rodrigo Núñez de la Nueva. En el archivo, guardan los protocolos de sus antecesores y los propios. Pleitos pendientes existen, en la escribanía del primero, 8 civiles; en la del segundo, 29 civiles y 19 criminales; y en la del último, 2 criminales y 3 ejecutivos. Mucha atención puso don Agustín e en los asuntos del Juzgado, y notó, que al igual que en todo el partido, diversas anomalías, que iba corrigiendo y haciendo las advertencias oportunas villa por villa. Así en los asuntos civiles, tienen el defecto de hacerlos interminables, con artículos impertinentes y dilatorios, cuando el abogado supone no recaerá sentencia favorable a su parte. En cuestiones criminales hay la perjudicial corruptela de oír por medio de apoderados o representantes a los reos fugitivos, mientras se les está llamando por pregones y edictos, y después, en el resto de la causa, por sus defensores, de modo que apenas puede verificarse seguimiento alguno de proceso en rebeldía, y si en el intermedio es hecho preso el reo o tiene bien a presentarle, lo hace ya conociendo por su letrado cuanto de pernicioso contra él tiene el juicio, frustrándose de este modo todo el objeto y finalidad a que tiende el procedimiento. También es frecuente en las causas de gravidez o preñado de solteras y viudas que, en lugar de encargarse únicamente los jueces de la seguridad del feto, precaución de abortos, infanticidios y evitar al público deshonor de tales infelices, las precisan y obligan a declarar el causante de la situación en que se hallan, y como él es, no pocas veces, persona de estado incompatible a poder casarse, ellas culpan a algún inocente o procuran el aborto. Volviendo a las cuestiones municipales, sepamos que la escribanía del Ayuntamiento está dotada con 800 reales anuales. Dos alguaciles ordinarios perciben, cada uno, 200. El Guarda de Propios 400. El médico 1000, a los que han de sumarse 5600 abonados por los vecinos en concepto de igualas. Un cirujano, 750 reales de igualas. El encargado del reloj público 150. Y otros 300 reales al año se reparten entre alcaldes y regidores. Hay dos maestros de niños, pero la dotación (500 reales para ambos) procede de censos de un particular, añadiéndose lo abonado por los padres de los alumnos, cantidad variable según la edad del escolar y posición económica del padre.782 es la cifra del vecindario. Todos los dichos y además 32 sacerdotes, 10 capellanes, 2 familiares de la Inquisición, 2 boticarios, 1 repartidor del Correo, 13 artistas, 12 albañiles, 10 panaderos, 16 de oficios mecánicos, 18 hortelanos, 89 arrieros con algo de labor, 67 labradores puros, 42 labradores con granjerías de ganado, 98 ganaderos, 319 jornaleros del campo, y quinquilleros y viudas en número cuya exactitud se ignora. Los ingresos del Ayuntamiento proceden de la Dehesa Boyal. 928 cabezas de hierba, y del Ejido, de 1500, con la mitad poblada de monte, y perteneciendo su mayor parte a dominio privado. Además, las hierbas y bellotas se venden por repartimiento de los vecinos en reales. Produce Castuera leguminosas y cereales, pero ha de comprar fuera trigo, pues escasea ya que aumentó la población en un tercio desde 1750. Algo de coles, cebollas, tomates y demás verduras, dan varias huertas. El ramo industrial cuenta con telares en que las mujeres fabrican lienzos venidos a buscar de los pueblos comarcanos, y con dos tintes de colores, cuyos ingredientes son recibidos del extranjero a través de les puertos de Sevilla y Cádiz, menos la gualda para el color amarillo que es recogida en el término, y así también la rubia, o la semilla de la coscoja, muy abundante en las sierras contiguas y bien buscada por catalanes y valencianos, que a esto vienen. Famoso son los turroneros, quienes hacen una rica pasta con miel, huevos, almendras o avellanas, después la venden en las fiestas del pueblo, de los cercanos y de otros más distantes. Para esto cuentan con 24 colmenares, de 1400 colmenas en total, que rinden unas 150 arrobas de miel y 55 de cera, si bien podría aumentarse de no ser por los hurones, topos y gatos monteses que las destruyen. De ganado tienen 25000 cabezas lanares,2300 de cabrío, 2000 de cerda, 300 de vacuno y 52 de yeguar. Para tener vida más próspera y dichosa pide el vecindario ampliación de labores, hierbas y plantíos de olivares y viñas. Aquellas en la Real Dehesa de la Serena. Los pastos en la misma, o en la que antes de la villa y ahora pertenece a varios vecinos de Cazalla y D. Iñigo Ladrón de Guevara, vecino de Don Benito, arrendada a trashumantes excepto la parte del último que la disfruta con ganado suyo mientras el pueblo no tiene los suficientes para su ganadería con 2428 cabezas de los Propios, ya dichos antes, y los 8700 correspondientes a la tercera parte de asignación en la Real Serena. Los plantíos de olivos injertando los acebuches existentes en el monte alto privativo del Rey de esta dehesa, aunque se oponen los dueños de las hierbas, Marqueses de Llanos, Iturbieta y Grandara Real, o bien en llamada de la Verilla, situada en la sierra de su nombre. Y las vegas en el baldío comunero y con las cinco villas de Tierra de Benquerencia. El Pósito tiene 9/058 fanegas y 7 celemines de trigo. La Parroquia está dedicada a Santa María Magdalena, y su titular es designado como en las demás del priorato. Tiene tres puertas, la principal con columnas corintias, y todas ostentando la cruz da Orden Alcantarina. Consta de tres naves en cuatro tramos, con arcos medio punto sobre pilares. Bóveda de cañón, menos el crucero que es lunetos y cúpula rebajada. Merece destacarse el retablo barroco de Virgen de la Soledad. Las obras comenzaron en 1751 y concluyendo cuatro o cinco años después. Existen las cofradías de Jesús Nazareno, Sanísimo Sacramento, Sacerdote de San Pedro, Benditas Animas, Nuestra Señora del Rosario, Nuestra Señora del Buensuceso, Nuestra Señora de la Aurora, Santísimo Cristo del Sepulcro y Nuestra Señora de la Soledad, Capellanía 78, Y obras pías 7. Subiendo al barrio antiguo llegamos a la plaza de San Juan, enjoyada de tradicionales casas con escudos nobiliarios, alguna portada gótica y galanos alféizares de ventanas. Preciosa es una de ésta sobre la puerta de entrada, y partida simétricamente por linda columnita de mármol. A su lado la ermita de San Juan, de donde recibe el nombre la plaza. Fue la primera Iglesia de Castuera, y entonces el Bautista Patrón de la villa. Es una recoleta construcción del siglo XVI. La portada, de piedra de granito, está formada por arco de grandes velas, es decir, con las porciones de cantería en trapecios, y dos columnas y él entablamento que lo encuadran, y en la clave un escudo. Dentro tiene, en urna, una imagen del Señor yacente, tamaño natural policromada y con los brazos articulables para la ceremonia del descendimiento. Adyacente a la Iglesia hay un pequeño hospital para pobres y mendigos, a quienes da simple cubierto el encargado y hospitalero. También dentro de la población están las ermitas del Buensuceso, cercana a la parroquial, la de Santa Ana, en el extremo norte, de San Benito al fin de la calle de esta denominación, y otra de los Mártires. Próxima al río, la de San Pedro de Zújar. El nombre del Párroco no se nos ha olvidado: Frey Don Francisco Cortés Dávalos. Y se dedica más a las intrigas condesiles y a labores granjerías que al sagrado ministerio eclesiástico. El cómo algunos clérigos y otros partidarios, forma la facción política llamada de los Cáceres, frente a la de los Fernández Daza conocidos por el sobrenombre de "Simones” y entregados todos a las disputas por los oficios de Ayuntamiento y Justicia con tanto calor, soberbia e inquina que, desde hace dos años en que ya no se reparten las varas, no dejan de interponerse pleitos y llegar los recursos hasta la Cancillera de Granada y los Reales Concejos. El fin que les guía es, aparte el personal deseo de poderío, la obtención de lucrativos repartimientos de tierras del común, sin importarles nada la situación menesterosa de los necesitados vecinos, jornaleros, braceros y senaderos. En donde éstos presentaron un escrito el Procurador síndico personero D. Diego Calderón, que el magistrado visitador unió al expediente de la villa. Decía Cúbeles, acerca de tales abusos, que los daños que producen son muy grandes, lo mismo en cuanto a la distribución de las tierras y pastos que respecto a la defectuosa administración de justicia, para su remedio opina se establezca un alcalde Mayor de Letras, que con probidad e imparcialidad ponga término a dichos disturbios. Referente al Párroco, nada han valido amonestaciones de los señores Prior y visor, ni las providencias del Supremo Concejo. Y cómo sería la misión que produjo a Cúbeles su vicio por intervenir en las cosas que no quiso pedirle informes cuando siempre acudía primero a los párrocos.
B I B L IOGRAFIA
- Vicente Barrantes: Apartado bibliográfico. Tomo 1. Pág. 5-45.
- Miguel Cortés y López: Diccionario
geográfico-histórico de la España Antigua. Madrid 1835 Tomo I, pág. 260, Tomo III.
- Publio Hurtado: Supersticiones Extremeñas. - Cáceres 19-12. 1 130, 174 y 179.
- Pascual Madoz: Diccionario geográfico-estadístico-histórico
de España y posesiones de Ultramar. Tomo VI, año 1847. págs. 253.
- José Ramón Mélida: Catálogo Monumental de España:
Texto 1 págs. 458. Texto II, págs. 211 a 214.
- Vicente Mena: Leyendas extremeñas, pág. 60.
- Vicente Paredes: Origen del nombre de Extremadura. Pág. 62,
- Expediente de visita.
Carpeta nº 6, tres piezas-







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