IGLESIA PARROQUIAL PALACIO CASA DE LAS SIRENAS ERMITA SAN JUAN BAUTISTA CASA DE LAS MEDIAS LUNAS PLACAS DE LA VILLA CASA, CALLE GRABIEL Y GALÁN CASA DE LA JAVANA

VIAJE A LA SERENA EN 1791. CASTUERA

    

Agustín Cúbeles y Roda, siendo magistrado de la recién creada Audiencia Territorial de Extremadura realizó en el año 1791 un recorrido por cada uno de los municipios de la comarca de La Serena con objetivo de informar a la mencionada Audiencia acerca de ello.  Los escritos de este viaje están guardado en el Archivo Histórico de Cáceres, y representan una relación auténtica y precisa del estado físico y social en todos los aspectos de todas la poblaciones de la comarca de La Serena.  Los capítulos, al igual que este dedicado a Castuera, son parte de una versión novelada publicada de un viaje realizado en el año 1955 A. Angunez Fernández. A pesar de que se mantuvo en el texto de los manuscritos, existen contribuciones completamente ficticia del autor, especialmente en lo que representa a la persona de Cúbeles y su asistente Canseco. 


En la mañana del día 17 salimos para Castuera, distante tres cuartos de leguas en dirección de la marcha del sol. Al dar la vuelta por derecha mano a la sierra, nos encontramos con la villa. Su parte antigua, primitiva, están situada en una loma que llaman el Cerrillo y el resto, a continuación, en un casi valle, alegre y cálido. Las calles son llanas, anchas y enrolladas una principal nos lleva hasta el Ayuntamiento y, frente a él, a la Iglesia Parroquial. Excepto dos o tres, las casas son de un solo piso y todas enjalbegadas y limpias. Tiene dos plazas. Un pozo de agua, potable muy abundante al que se baja por singular galería, y según es tradición fue construido por moros, dos más en las afueras, también de beber, y dos pilares para abrevaderos de caballerías. A este igual fin aprovechan los ríos próximos de Guadalefra y Menjorada. Importante en el sistema de comunicaciones es cruce de caminos para Andalucía, con gran número de arrieros y trajinantes, famosos por lo bien entendidos en el oficio; y con tres amplios y buenos mesones. Tiene Castuera gran abolengo histórico. Fue en la España celebradísima por sus minas y explotaciones del subsuelo. Picos, piquetas, cuñas, cubos, pesas, y cien artilugios más, se vienen encontrando frecuentemente en sus cercanías. La misma Parroquia luce orgullosa, como pie de la pila del agua bendita, el trozo inferior de una columna romana. Su nombre pregona los primeros pobladores asentados en fortificaciones de la sierra: Castrum erat, fue castro. Incluso hubo historiadores que la identificaron con Artigi, del itinerario de Mérida Córdoba por Medellín, y guiados de tal error dicen que en la lengua popular llamábase  Lastigi, después Lastuera, y de aquí sólo basta, cambiar la L por la C, pero nuevas investigaciones sitúan este aposento a orillas del río Ortigas, cerca de Zalamea. Algo supersticiosos sus naturales, como es corriente en el medio rural, creen que las tormentas desparecen tirando hacia las nubes amenazadoras una de las nueve chinas previamente recogidas el día de la Ascensión del Señor a las doce horas. Que las verrugas, esos feos bultos que hacen horripilantes a las caras, son combatidas llevando la escarcela una cajita de lata con una lagartija dentro. Que el dolor de muelas se quita guardando en frasquito de cristal el animal que hay en las concavidades inferiores de las piedras, llamado vieres, y apresado precisamente en tal día de la semana. Y que son curadas las anginas frotando, con las manos, las muñecas y luego la garganta del paciente y, después acostándole de un lado darle un tirón de orejas, así hasta nueve. En el más cómodo de les mesones hicimos fonda, teniéndonos camas reservadas sabedores del viaje, aviso que íbamos dando para todos los pueblos en prevención en prevención de encontrar dificultades, cumplimentado el señor visitador por el alcalde-ordinario hijosdalgo D. Juan Francisco Méndez Benegas, acompañado a el escribano Fernando Antonio Fernández Murillo, convocó al Ayuntamiento para las seis de la tarde. En el piso bajo de las Casas Consistoriales está el archivo y al otro costado la cárcel, indecente, estrecha y escasa de seguridad. Subimos al salón de sesiones. El alcalde por él estado llano es Juan Antonio Sánchez Ciudad, Regidores, D. José Morillo de Cáceres, Carlos Francisco Calderón, D. Juan Murillo Valdivia y Juan Baldomero Hidalgo Chacón, Diputado del común, Juan Cosfoato, y Procurador síndico personero, D. Diego Calderón. Hay un abogado y ningún procurador de causas. Escribanos, cuatro, "a cuál peor” según frase certera de Cúbeles, y de ellos recuerdo al del Ayuntamiento dicho Fernández, a José Vicente Mostazo y a Rodrigo Núñez de la Nueva. En el archivo, guardan los protocolos de sus antecesores y los propios. Pleitos pendientes existen, en la escribanía del primero, 8 civiles; en la del segundo, 29 civiles y 19 criminales; y en la del último, 2 criminales y 3 ejecutivos. Mucha atención puso don Agustín e en los asuntos del Juzgado, y notó, que al igual que en todo el partido, diversas anomalías, que iba corrigiendo y haciendo las advertencias oportunas villa por villa. Así en los asuntos civiles, tienen el defecto de hacerlos interminables, con artículos impertinentes y dilatorios, cuando el abogado supone no recaerá sentencia favorable a su parte. En cuestiones criminales hay la perjudicial corruptela de oír por medio de apoderados o representantes a los reos fugitivos, mientras se les está llamando por pregones y edictos, y después, en el resto de la causa, por sus defensores, de modo que apenas puede verificarse seguimiento alguno de proceso en rebeldía, y si en el intermedio es hecho preso el reo o tiene bien a presentarle, lo hace ya conociendo por su letrado cuanto de pernicioso contra él tiene el juicio, frustrándose de este modo todo el objeto y finalidad a que tiende el procedimiento. También es frecuente en las causas de gravidez o preñado de solteras y viudas que, en lugar de encargarse únicamente los jueces de la seguridad del feto, precaución de abortos, infanticidios y evitar al público deshonor de tales infelices, las precisan y obligan a declarar el causante de la situación en que se hallan, y como él es, no pocas veces, persona de estado incompatible a poder casarse, ellas culpan a algún inocente o procuran el aborto. Volviendo a las cuestiones municipales, sepamos que la escribanía del Ayuntamiento está dotada con 800 reales anuales. Dos alguaciles ordinarios perciben, cada uno, 200. El Guarda de Propios 400. El médico 1000, a los que han de sumarse 5600 abonados por los vecinos en concepto de igualas. Un cirujano, 750 reales de igualas. El encargado del reloj público 150. Y otros 300 reales al año se reparten entre alcaldes y regidores. Hay dos maestros de niños, pero la dotación (500 reales para ambos) procede de censos de un particular, añadiéndose lo abonado por los padres de los alumnos, cantidad variable según la edad del escolar y posición económica del padre.782 es la cifra del vecindario. Todos los dichos y además 32 sacerdotes, 10 capellanes, 2 familiares de la Inquisición, 2 boticarios, 1 repartidor del Correo, 13 artistas, 12 albañiles, 10 panaderos, 16 de oficios mecánicos, 18 hortelanos, 89 arrieros con algo de labor, 67 labradores puros, 42 labradores con granjerías de ganado, 98 ganaderos, 319 jornaleros del campo, y quinquilleros y viudas en número cuya exactitud se ignora. Los ingresos del Ayuntamiento proceden de la Dehesa Boyal. 928 cabezas de hierba, y del Ejido, de 1500, con la mitad poblada de monte, y perteneciendo su mayor parte a dominio privado. Además, las hierbas y bellotas se venden por repartimiento de los vecinos en reales. Produce Castuera leguminosas y cereales, pero ha de comprar fuera trigo, pues escasea ya que aumentó la población en un tercio desde 1750. Algo de coles, cebollas, tomates y demás verduras, dan varias huertas. El ramo industrial cuenta con telares en que las mujeres fabrican lienzos venidos a buscar de los pueblos comarcanos, y con dos tintes de colores, cuyos ingredientes son recibidos del extranjero a través de les puertos de Sevilla y Cádiz, menos la gualda para el color amarillo que es recogida en el término, y así también la rubia, o la semilla de la coscoja, muy abundante en las sierras contiguas y bien buscada por catalanes y valencianos, que a esto vienen. Famoso son los turroneros, quienes hacen una rica pasta con miel, huevos, almendras o avellanas, después la venden en las fiestas del pueblo, de los cercanos y de otros más distantes. Para esto cuentan con 24 colmenares, de 1400 colmenas en total, que rinden unas 150 arrobas de miel y 55 de cera, si bien podría aumentarse de no ser por los hurones, topos y gatos monteses que las destruyen. De ganado tienen 25000 cabezas lanares,2300 de cabrío, 2000 de cerda, 300 de vacuno y 52 de yeguar. Para tener vida más próspera y dichosa pide el vecindario ampliación de labores, hierbas y plantíos de olivares y viñas. Aquellas en la Real Dehesa de la Serena. Los pastos en la misma, o en la que antes de la villa y ahora pertenece a varios vecinos de Cazalla y D. Iñigo Ladrón de Guevara, vecino de Don Benito, arrendada a trashumantes excepto la parte del último que la disfruta con ganado suyo mientras el pueblo no tiene los suficientes para su ganadería con 2428 cabezas de los Propios, ya dichos antes, y los 8700 correspondientes a la tercera parte de asignación en la Real Serena. Los plantíos de olivos injertando los acebuches existentes en el monte alto privativo del Rey de esta dehesa, aunque se oponen los dueños de las hierbas, Marqueses de Llanos, Iturbieta y Grandara Real, o bien en llamada de la Verilla, situada en la sierra de su nombre. Y las vegas en el baldío comunero y con las cinco villas de Tierra de Benquerencia. El Pósito tiene 9/058 fanegas y 7 celemines de trigo. La Parroquia está dedicada a Santa María Magdalena, y su titular es designado como en las demás del priorato. Tiene tres puertas, la principal con columnas corintias, y todas ostentando la cruz da Orden Alcantarina. Consta de tres naves en cuatro tramos, con arcos medio punto sobre pilares. Bóveda de cañón, menos el crucero que es lunetos y cúpula rebajada. Merece destacarse el retablo barroco de Virgen de la Soledad. Las obras comenzaron en 1751 y concluyendo cuatro o cinco años después. Existen las cofradías de Jesús Nazareno, Sanísimo Sacramento, Sacerdote de San Pedro, Benditas Animas, Nuestra Señora del Rosario, Nuestra Señora del Buensuceso, Nuestra Señora de la Aurora, Santísimo Cristo del Sepulcro y Nuestra Señora de la Soledad, Capellanía 78, Y obras pías 7. Subiendo al barrio antiguo llegamos a la plaza de San Juan, enjoyada de tradicionales casas con escudos nobiliarios, alguna portada gótica y galanos alféizares de ventanas. Preciosa es una de ésta sobre la puerta de entrada, y partida simétricamente por linda columnita de mármol. A su lado la ermita de San Juan, de donde recibe el nombre la plaza. Fue la primera Iglesia de Castuera, y entonces el Bautista Patrón de la villa. Es una recoleta construcción del siglo XVI. La portada, de piedra de granito, está formada por arco de grandes velas, es decir, con las porciones de cantería en trapecios, y dos columnas y él entablamento que lo encuadran, y en la clave un escudo. Dentro tiene, en urna, una imagen del Señor yacente, tamaño natural policromada y con los brazos articulables para la ceremonia del descendimiento. Adyacente a la Iglesia hay un pequeño hospital para pobres y mendigos, a quienes da simple cubierto el encargado y hospitalero. También dentro de la población están las ermitas del Buensuceso, cercana a la parroquial, la de Santa Ana, en el extremo norte, de San Benito al fin de la calle de esta denominación, y otra de los Mártires. Próxima al río, la de San Pedro de Zújar. El nombre del Párroco no se nos ha olvidado: Frey Don Francisco Cortés Dávalos. Y se dedica más a las intrigas condesiles y a labores granjerías que al sagrado ministerio eclesiástico. El cómo algunos clérigos y otros partidarios, forma la facción política llamada de los Cáceres, frente a la de los Fernández Daza conocidos por el sobrenombre de "Simones” y entregados todos a las disputas por los oficios de Ayuntamiento y Justicia con tanto calor, soberbia e inquina que, desde hace dos años en que ya no se reparten las varas, no dejan de interponerse pleitos y llegar los recursos hasta la Cancillera de Granada y los Reales Concejos. El fin que les guía es, aparte el personal deseo de poderío, la obtención de lucrativos repartimientos de tierras del común, sin importarles nada la situación menesterosa de los necesitados vecinos, jornaleros, braceros y senaderos. En donde éstos presentaron un escrito el Procurador síndico personero D. Diego Calderón, que el magistrado visitador unió al expediente de la villa. Decía Cúbeles, acerca de tales abusos, que los daños que producen son muy grandes, lo mismo en cuanto a la distribución de las tierras y pastos que respecto a la defectuosa administración de justicia, para su remedio opina se establezca un alcalde Mayor de Letras, que con probidad e imparcialidad ponga término a dichos disturbios. Referente al Párroco, nada han valido amonestaciones de los señores Prior y visor, ni las providencias del Supremo Concejo. Y cómo sería la misión que produjo a Cúbeles su vicio por intervenir en las cosas que no quiso pedirle informes cuando siempre acudía primero a los párrocos.


                              


  































 

 

 

 

  B I B L IOGRAFIA

 

- Vicente Barrantes: Apartado bibliográfico. Tomo 1. Pág. 5-45.

- Miguel Cortés y López: Diccionario geográfico-histórico de la España     Antigua.  Madrid 1835 Tomo I, pág. 260, Tomo      III.

- Publio Hurtado: Supersticiones Extremeñas. - Cáceres 19-12. 1 130, 174 y 179.

- Pascual Madoz: Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y posesiones de Ultramar. Tomo VI, año 1847.        págs. 253.

- José Ramón Mélida: Catálogo Monumental de España: Texto 1 págs. 458. Texto II, págs. 211 a 214.

- Vicente Mena: Leyendas extremeñas, pág. 60.

- Vicente Paredes: Origen del nombre de Extremadura. Pág. 62,

- Expediente de visita. Carpeta nº 6, tres piezas-


HISTORIA DE LOS ENTERRAMIENTOS EN CASTUERA

Con anterioridad a la reconquista de los territorios de la Serena a los árabes, era tradicional en la baja Edad Media que los enterramientos se realizaran en el interior de los templos religiosos. No fue hasta el siglo XVIII por la publicación de la Real Cédula con fecha del 8 de abril de 1787 y anteriormente la Orden del 28 de junio de 1804, referente a la edificación de los cementerios, cuando los templos religiosos fueron mandados a ser encalados y adecentados, dando lugar a suprimir de su interior los enterramientos. Los motivos alegados fundaméntale eran referentes a lo poco salubre y sanitario daban al lugar, como consecuencia de esta normativa se tomó la decisión de sacar a los exteriores de los mismos dicha actividad. En Castuera, se tomó la iniciativa de cercar los alrededores de la Iglesia de San Benito, en aquel tiempo situada en los extrarradios del núcleo urbano, construyéndose el nuevo camposanto, siendo denominado “Camposanto Católico de Castuera.” Hoy en día, en ese espacio se levantan las antiguas escuelas de San Benito, hasta hace poco en su subsuelo, se podían observar motivos de la antigua necrópolis. En años sucesivos, el incremento poblacional de Castuera dio lugar a que dicho camposanto, quedara pequeño en espacio, fue entonces, cuando fue adquirido por parte del Ayuntamiento un terreno alejado del núcleo urbano para erigir uno nuevo. Las obras se iniciaron en el año 1883 de lo que hoy es el actual cementerio municipal. El primer enterramiento está datado el 25 de julio de 1885 y no fue hasta 1927 cuando se iniciaron los trabajos de levantamiento y traslado de fosas del antiguo cementerio católico de San Benito al de nueva construcción. Según contaban, primero fueron trasladados los enterrados en bóvedas quedando restos de los sepultados en tierra. Debido al ingente numero de fallecidos durante la Guerra Civil, sobre todo en el año 1938, los muertos en la contienda, era colocados en un terreno anexo al cementerio nuevo, el cual fue integrado en el mismo con el paso del tiempo formando una ampliación del mismo. Como curiosidad histórica, la iglesia del recinto actual no fue construida en sus principios, la despedida religiosa del fallecido se realizaba en la actual iglesia de Santa Ana, la cual con el tiempo, se propuso la edificación de un nuevo templo por la escasez de espacio de la misma,  la insistente negativa del párroco de los años cuarenta al derribo de la ermita actual para la edificación de otra iglesia de mayores dimensiones dio lugar a la construcción  de la pequeña capilla en el interior del cementerio.


Vista actual



Ermita de San Benito


Capilla 


Antiguas lápidas recicladas


   
Acta defunción ultimo enterramiento ermita San Benito página 1 


Acta defunción ultimo enterramiento ermita San Benito página 2


Acta de defunción primer enterramiento cementerio actual. pág. 1.

                 Acta de defunción primer enterramiento cementerio actual. pág. 2.











LAS FÁBRICAS DE TINAJAS.

La fabricación de tinajas de barro en Castuera fue una tradición artesanal que se remonta a comienzo  del siglo XIX. Este proceso se llevaba a cabo mediante la utilización de arcilla, dicha tierra legamosa, rojiza tan característica, era extraída y acarreada de terrenos adyacentes al pueblo que, con carros, tirados por bestias surtían a los talleres artesanos que posteriormente mezclaban con agua, dándole la textura idónea para ser moldeada con sus manos. Anteriormente para conseguir su óptima utilización, era amasada con los pies, ayudados a veces por burros o mulos o con utensilios muy rudimentarios. Ahora ya puesta en manos del maestro tinajero, con experiencia y  maestría empezaba a dar forma a la tinaja, iniciaba su construcción con una gruesa base, un sólido pegote de masa arcillosa, dicho “culo” como se le denominaba en el argot tinajero. Terminado el apoyo, empezaba a dar forma al cuerpo añadiendo círculos concéntricos con barro bien amasado y manos bien mojadas, manos que ayudaban a refinar e igualar la obra, rematando la vasija en la “la Boca” la cual dotaba de un grueso reborde, dando así más consistencia a la tinaja. Todo el proceso se realizaba con sumo cuidado y sobretodo habilidad, el cualquier momento se podrían partir, o quedar poros por el cual vertería su contenido. Finalizado el trabajo, se llevaba a cabo el marcado con el sello o logotipo de cada empresa, generalmente el apellido familiar, para saber su lugar de procedencia. Posteriormente eran dejada al aire durante un tiempo, ya secada  seria pasada al horno de leña para su cocción donde adquiría dureza y acabado final, dando por acabado su proceso de fabricación para posterior comercializado.  De formas similares, de tamaños variados eran contenedores idóneos para almacenar toda clase de líquidos, sobretodo vinos, alcoholes o simplemente agua, los productos en su almacenamiento, no solían presentar ninguna alteración, por eso en cualquier hogar o industria alimenticia, como bodegas o almazaras  se podían encontrar. Como curiosidad en ellas se almacenaba el pan o agua o se guisaban aceitunas para consumo en los hogares, se tenía entendido que ellas se ayudaba a su conservación, manteniendo el pan más blando y el agua más fresca en los veranos. Este sector socio-económico, al igual que la fabricación de turrón en tiempos posteriores, dotaron a Castuera de una identidad propia, la dieron conocer, dotándola de un prestigio que sobrepasaba los limites comarcales, hoy en día, después de tanto tiempo,  es fácil de encontrar tinajas, ya no con su uso para la cual fueron concebidas, por toda Extremadura, en incluso en regiones colindantes, en La Mancha y Andalucía  sobretodo, adornando espacios insospechados, dándoles aire de sosiego y acogedora estancia. Tena, Caballero, Holguín, Cantel, o Chamizo… Cada fabricante, con su marca grabada en cada tinaja, daban singularidad a su producto, si ha de destacar alguna de ella, sería la familia Chamizo, es considerada la fábrica pionera y más prestigiosa a lo largo de su historia, en la cual emerge la figura del poeta Luis Chamizo, aunque nacido en Guareña de orígenes Castueranos, no en vano es descendiente de esta familia tinajera.  Su fábrica estaba emplazada en los terrenos que posteriormente ocuparon el Cine de verano Covadonga de la familia Atalaya de Tena y Bodegas Cancho, allí se encontraban todas las dependencias de la misma e incluso su vivienda familiar. A la muerte del fundador de la marca Chamizo, Justo Chamizo Sánchez, el negocio se fragmentó, surgieron nuevas marcas como Hijos de Justo Chamizo. Por esa época, parte de la familia se trasladó a la localidad de Guareña, iniciando aquí nuevos caminos en la tradición alfarera familiar. Allí encontraron buenas tierras, materias primas necesarias e hicieron del lugar un centro de producción muy importante, eso sí, aunque con algunas innovaciones, supieron mantener esa forma “panzuda” de las tinajas, tan peculiar a lo largo de su existencia. Se tiene constancia que con la marca “Viuda de Joaquín Chamizo”, ya en Guareña, se da por finalizada la saga familiar de tantas generaciones dedicadas a la alfarería que comenzó en Castuera con el verdadero artífice, Justo Chamizo Sánchez. Don Manuel Holguín Hidalgo, fue otro empresario tinajero a considerar, introdujo algunas innovaciones en su diseño y construcción, obteniendo patente de Invención por veinte años durante el reinado de Alfonso XIII. Su taller de fabricación estaba situado en lo que posteriormente fue también un cine, el cine de “El maestro Enrique”, conocido popularmente por el “Cine Bigotes” en la antigua calle El Polvo, en él, en sus instalaciones se podían contemplar grandes tinajas incrustadas en los muros de cerramientos tras la pantalla de proyección. Actualmente se pueden contemplar rectos de otra fábrica emplazada frente al paraje denominado La Charca, en la carretera de Campanario donde quedan depositados algunos ejemplares de gran tamaño, anteriormente colocados al lado de la vía, “En la curva de las tinajas” hacia honor a su nombre, llamándonos la atención al paso. Fue un periodo de la historia interesante en Castuera, aportó riqueza e identidad a un pueblo en tiempos muy duros que quedó reflejado en dichos populares como este, llevados de boca en boca, pasando por generaciones hasta hoy en día.


                 “...Don Benito por bonito,

                     Guareña por sus bodegas,

                     Medellín por su castillo

                     Por sus tinajas Castuera...”






1


2


3

Imágenes 1. 2 y 3, autora Ruth Matilda Anderson.- CASTUERA 1928 (Coloreadas)






Sellos familia Chamizo




Pedro de Tena y Mora

                                                                   

Francisco Cantel


Fulgencio Tena y Compañía



Cine "Bigotes" antigua fábrica de Manuel Holguín Hidalgo




Fábrica  y almacenaje.






Tinaja lañada, Sellada en la fábrica de Justo Chamizo. El lañado, técnica de recuperar la tinaja mediante colocación de grapas




Publicidad. Correo  Extremeño. Año 1929, seis de Enero.




Comunicado en prensa. Correo Extremeño. Fallecimiento  de Justo Chamizo. Año 1901-26 de Agosto.














 

 


  


RUTH MATILDA ANDERSON.- CASTUERA 1928

"Castuera, en el centro de La Serena, se encuentra en un valle abierto. Lo vimos desde una suave pendiente en la que crecían plantas frondosas de ese antiguo cultivo, el haba, de un metro de altura antes de que llegara marzo. Los techos rojos de las casas se encuentran con notable unanimidad paralelos al eje del valle, revelando sólo estrechas franjas de las paredes blancas de abajo.


                            Figs.356-356 Trabajos de Orfebrería.


Más allá del pueblo, irrumpiendo en la cresta elle la roca una ballena se perfilaba como una isla contra una extensión que una vez formó parte de los pastos reales. Este paisaje encontró su poeta en Luís Chamizo (1894-1946), que nació en Castuera de una familia de agricultores. Sus versos celebran las alegrías y las penas y la fortaleza de las muchachas en cortas faldas verdes, de los pastores "embutidos en prendas de piel de cabra", de los habitantes de las cabañas de helechos y de la planta medicinal, la montaña. En su obra Las Brujas, producida tanto en Sevilla como en Madrid, la escena es la de un carbonero, pero "enclavado en una dehesa de Extremadura". Para un forastero, el uso del dialecto extremeño hace que el texto sea algo oscuro. Además de la tierra que produce frijoles y pastos, Castuera poseía campos de arcilla de alfarero que podían ser construidas en tinajas más altas que un hombre. Una fábrica había dejado de fabricar tinajas de la forma antigua como las pequeñas tinajas que adornaban su puerta de entrada  y las grandes vasijas de vino en Montánchez. En su lugar, se estaba haciendo conos, reteniendo la pequeña base de unos treinta centímetros de diámetro, como si fuera más fuerte que un ancho, pero sacrificando la curva continua de la pared a giros angulares y lados rectos. Con sólo su ojo para guiarlo, un alfarero colocó la arcilla, rollo por rollo, durante muchos días, reafirmando y alisando la pared a medida que progresaba. Cuando la forma estaba completa, un recipiente tenía que secarse durante al menos dos meses antes de que pudiera ser cocido con fuegos alimentados con jaras en un horno (Fig. 356) de ladrillos y mampostería. El cono más grande contendría (250 arrobas. En los que se utilizaban para almacenar aceite de oliva, la superficie interior se cubría con cera caliente, sebo, mantequilla o manteca de cerdo; las tinajas de vino se trataban con asfalto o brea mineral. Los conos se vendían en la época de cosecha en Extremadura, Andalucía y Castilla. Dentro del pueblo la promesa de blanco vista desde el campo de las habas se expandía en una luz de infinita variación, ya que mientras las paredes encaladas de un lado eran martilladas por el sol, las del otro, fundidas en la sombra, se tenían tanto con el frescor del cielo azul profundo como con el calor de vivos reflejos. Las paredes blancas y el negro del terciopelo o de la pana imponían a los ojos y a las fotografías extremos contrastes. Un joven (Fig. 358) llevaba el sombrero cordobés, como una maceta invertida sobre un disco plano. Su mula llevaba una simple manta de dos anchos unidos y acordonados en un borde. Los hombres mayores (Fig. 357) usaban un fieltro más suave, abollado y moldeado a su gusto, y sobre el chaleco enrollaban una faja suelta y ancha. Un vendedor de flores artificiales (Fig. 359) llevaba grandes flores de tela de algodón de color cereza en una cesta coronada con una palma en miniatura. Se necesitaban para embellecer las salas blancas o los altares de las iglesias. Su traje para este agradable comercio era una larga blusa de algodón de un tipo generalmente de color bronceado, sobre la que había sacado las solapas de su saco para hacer un acabado contrastado. Vendía en la calle del Obispo Pérez Muñoz, con rejillas de hierro y se centraba en el Santuario de San Juan. 


       Figs. 357-358 Paisanos, Castuera  

Un vendedor de pescado (Fig. 360), que apelaba únicamente al hombre interior, llevaba una blusa corta azul y pantalones de terciopelo de tono claro. Desde cestas de sauce decoradas con hojas de palma o palmito ofreció besugo, merluza y pequeña merluza, trayendo a esta llanura sin salida al mar un soplo de aire marino del Mediterráneo en Málaga. Para pesar el pescado, llevaba una romana." 

                                                   Figs.359-360 Vendedores, Castuera



IMÁGENES Y TRADUCIÓN DE LOS TEXTOS  EXTRAÍDOS DE LA OBRA:
SPANISH COSTUME  EXTREMADURA BY RUTH  MATILDA  ANDERSON 
MEMER THE HISPANIC SOCIETY OF AMERICA.


IMÁGENES

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