IGLESIA PARROQUIAL PALACIO CASA DE LAS SIRENAS ERMITA SAN JUAN BAUTISTA CASA DE LAS MEDIAS LUNAS PLACAS DE LA VILLA CASA, CALLE GRABIEL Y GALÁN CASA DE LA JAVANA

COMPLEJO MINERO MIRAFLORES

Desde Castuera, si fijamos la mirada hacia el horizonte norte de La Serena esteparia, llama poderosamente la atención, una forma regular, muy bien definida, como si de una escultura se tratase, instalada a propósito en lugar, decorando un paisaje, donde parece no pertenecer. Hemos oteado la escombrera del complejo minero Miraflores-La Campana, ya en el lugar, estamos ante el campo minero más grande de la comarca, impresionante en sus instalaciones, posee numerosas bocaminas, de considerables profundidades, con galerías, hornos para la fundición del mineral, con chimeneas,  por desgracia, hoy desaparecidas, lavaderos, sima, escombreras, muelles de cargas y gran cantidad de ruinas, edificios de diferentes épocas que se empeñan en demostrarnos la importancia de la explotación a lo largo del tiempo. Ya en época romana eran conocidas las vetas o filones de galena plumbifera, lo demuestra el sello de plomo, encontrado, con la inscripción SBA, actualmente en el Museo arqueológico de Badajoz, siglas que han sido interpretadas por arqueólogos, como Societas Baetica Arsensis, todo relacionado con la proximidad de los emplazamientos romanos de Alsa y Artigi. A finales siglo XIX, comienzo del XX, se mantuvo nueva actividad, debido a la gran demanda mundial de plomo. La última información en la actividad de la misma se remonta a mediados de los años cincuenta del siglo pasado, llevándose a cabo una reutilización, con el relavado de las escombreras, finalizando en los años setentas, por ello, en la actualidad, encontramos esas grandes escombreras, montañas de un fino material, producto de la molienda y procesado de escorias, de épocas anteriores, dándole al paraje, un halo de ciudad perdida, con unos paisajes lunares, difíciles de encontrar.






















 Esquema sello encontrado. Museo Arqueológico Provincial de Badajoz



CASTUERA. PLAZA DE ESPAÑA, PRINCIPIOS DEL SIGLO XIX.

Fotocopia de un boceto o plano realizado a principios del siglo XIX, por un amigo de la familia Luján, donde en primer plano, están identificadas varias construcciones, ejemplo, las casas de familias muy históricas en Castuera. Entre ellas la de la misma familia de “las Lujanas.” En el horizonte, curioso, resultan ver, los molinos de viento que allí estuvieron emplazados hasta el final de dicho siglo, de ahí su nombre del paraje, EL CERRO DE LOS MOLINOS, a la derecha la imagen, la primitiva iglesia parroquial, situada en lo que hoy se llama LA REHOYA.



LAS POZATAS, POZO DE LAS PESETAS, EL POZÓN Y SU ENTORNO.

Es obvio, somos tierra de secano, el agua es un bien muy apreciado. Hubo un tiempo que acceder a ella era todo un privilegio, por tenerla cerca y un sacrificio para acarrearla. El Pozo de las Pesetas, en su construcción, nos da a entender la escasez de ella que sufrieron nuestros antepasados y enseña toda una lección de solidaridad entre vecinos. De ahí su nombre, pues no se debe a ningún tipo de superstición, no, “Pozo de las Pesetas” se le llama por la aportación de los vecinos de Castuera, de una peseta por familia, para su obra, consiguiendo paliar en la medida de lo posible esa necesidad tan vital. Construido durante la Segunda República, una inscripción daba fe de ello, hoy ya desaparecida, comienzo de los años 30, en el paraje de Las Pozatas, fue sitio sobre todo de mujeres para realizar las coladas y volver cargada, con sus cántaros de agua apoyados en la cabeza o en “cuadril”, como ellas decían, las caderas. Los burros con aguaderas de esparto, con sus cántaros, otra imagen habitual de ver, era la manera se llevar el agua a las casas para su consumo.



















GUERRA CIVIL. FORTIFICACIONES

En esta entrada, sobre las construcciones bélicas en Castuera, nos detendremos en el paraje del Cerro Colorao, un fortín en perfecto estado de conservación, utilizado por tropas republicanas en la línea defensiva de alrededores de Castuera, concretamente en la carretera de Zalamea, apenas a unos cien metros de la ermita de San Isidro, lugar donde actualmente se celebra la romería del mismo nombre. Junto con otros, localizados al menos diez, formaban un conjunto en línea de forma semicircular, con misma orientación estratégica, cuyo fin seria cubrir terreno, para evitar el paso de las fuerzas enemigas, venidas del sur. Están construidos de tal manera, que pasan completamente desapercibidos, semienterrados, se emplazan camuflados en el terreno, aprovechando las ondulaciones del mismo, pero a la vez, desde su situación geográfica, se divisa un amplio espacio con un control visual del territorio. Su construcción es la típica en ellos, de características uniformes basada en el uso del hormigón forjado y estructurado en hierro, no muy gruesos en el tamaño de sus muros y cubiertas. Consta de dos entradas, en su interior una base de apoyo debajo de la tronera, parte baja en forma semicircular y apoyada en la misma otra parte rectangular formando toda una consistente estructura. A vista de pájaro su cuerpo forma una T, bien definida, debido a la colocación de los accesos, especie de túneles en la parte trasera de los mismos. Su estado de conservación es bastante bueno, pero como todo lo demás referido a la arqueología de la Guerra Civil necesita una urgente protección para no verlo condenado a la desaparición.


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